Aymaras, conexión sagrada

Se cuenta que en la edad de las tinieblas, surgió del lago Titicaca el dios Tunupa o Viracocha, quien creo un mundo caótico, primitivo, sobre el que dominaba el genio maligno. En la etapa siguiente, edad del Taipi Tunupa, dios Aymara celeste y purificador, se inicia el orden y la civilización andina. El pueblo andino siguió evolucionando a través de las edades y los milenios, creando, pueblos, ciudades e instituciones.

 

Los Aymaras o Aimarás, son un grupo de gente indígena que vive en el altiplano de la cordillera de los Andes en América del Sur. La mayoría de ellos viven en las proximidades del lago Titicaca en Bolivia, parte del Perú y también en franjas cordilleranas al norte de Chile, en las regiones de Arica, Parinacota, Tarapacá y Antofagasta. El pueblo Aymara está conformado por todos aquellos individuos que tienen como lengua materna al aymara o aimara (el idioma se llama igual que el pueblo). El pueblo Aymara es milenario, es decir, lleva en la Tierra miles de años. Al parecer, el primer estado Aymara fue la civilización Tiahuanaco, registrada 2000 años antes de Cristo.

 

Para entender el origen mitológico de este pueblo primero hay que comprender la palabra “pacha” porque más allá de su significado de tiempo y espacio, para los andinos es una manera de entender el universo, donde el Aka Pacha, representado por el puma, se refiere a la pacha mama o madre tierra, el espacio del ser humano. Arak Pacha el mundo divino, celestial, es representado por el cóndor y finalmente, Manqua Pacha, el mundo de abajo, el de los espíritus que están bajo tierra, así como los Huturis, o divinidades del lago Titicaca y de las vertientes de las aguas.
En 1535, cuando los españoles llegaron a América, trataron de reemplazar todas las antiguas creencias de los pueblos indígenas por el cristianismo. La religión de los Aymaras pasó a ser una mezcla del cristianismo y las creencias antiguas. En ciertos grupos, la adoración a la “Pachamama”, fue reemplazada por la veneración de la Virgen María; mientras que los rituales de fertilidad se convirtieron en las fiestas de carnaval. De todas formas, ellos siguen practicando algunos de sus antiguos rituales, como la ceremonia “Machaq Mara” o separación del año. En él, cientos de Aymaras inauguran el Año Nuevo el día 21 de junio, justo en el solsticio de invierno, momento en que el sol alcanza la mayor distancia con nuestro hemisferio. Es época de siembra, los aymaras eligen los mejores granos para obtener el más rico alimento, en medio de ritos y ofrendas dirigidas a Inti, el dios Sol y a la Pachamama, en el templo de Kalasasaya en el altiplano boliviano. Los indígenas invocan también la fertilidad de la tierra con el sacrificio de llamas, cuya sangre es una ofrenda al Sol y a la Tierra.

 

Las creencias religiosas del pueblo Aymara estaban basadas en el mundo espiritual. Aquellos rituales estaban dirigidos a los “Achachillas” o “Mallkus” que son los espíritus de las montañas nevadas que rondan sus pueblos. También son dirigidos a la “Pachamama” o Madre Tierra y a la serpiente “Amaru”, encargada de los ríos y canales de agua que riegan las plantaciones agrícolas.
El pueblo Aymara trabaja en la crianza de animales, primordialmente de llamas, ovejas y alpacas. Pero principalmente son expertos agricultores. Cultivan papas, cebada, quínoa y maíz, entre otros. Ellos adoran la tierra cuando siembran y cuando cosechan papas, las cuales son veneradas, amadas, respetadas y muy bien trabajadas por los aymaras. Su trabajo agrícola es ante todo un medio de comunicación con la tierra y con la naturaleza… hombre y naturaleza se ponen de acuerdo para producir y defender la vida. En el aimara altiplánico, se usan los términos «ch’uqi» y «amqa» para designar a la papa, éste último relacionado con el verbo «amqa-» («recoger»).

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El Aymara cree que el bienestar de la comunidad ha sido un regalo de su hábitat en el altiplano andino. Para este pueblo todo lo sagrado está en la naturaleza.

 

Los que viven en el altiplano (latitudes altas de la cordillera) poseen abundantes rebaños y escasos cultivos, mientras que los que viven en la pre cordillera, producen bastantes verduras, frutas y semillas. Debido a estas condiciones, pastores y agricultores intercambian sus productos para que a ninguno le falte nada. La pesca es otra actividad importante y se desarrolla en los alrededores del enorme lago Titicaca. También son hábiles artesanos del metal, la cerámica, los tejidos y la cestería.

 

Para subsistir, los Aymaras utilizan el principio del “ayne”, que se refiere a los actos recíprocos con el otro: la petición de ayuda en el presente, será correspondida en el futuro. “Yo te ayudo hoy, tú me ayudas mañana”.
Cuando una pareja Aymara se casa, los parientes del marido y de la mujer se unen para hacer la casa de los recién casados. Estas suelen ser de piedra o adobe, con tejado de caña y el suelo de tierra apelmazada. Contienen una puerta pequeña orientada hacia el este, ya que por ahí sale o nace el sol.

 

La música es una parte muy importante en sus comunidades. Entre variados instrumentos, ellos tocan con gran destreza la zampoña, la tarja y el bombo. Crean ritmos, cantos y melodías en ceremonias religiosas, agrícolas y celebraciones del ciclo de la vida. En muchos lugares, la música es asociada con la temporada seca y los festivales durante ese tiempo. 

 

La milenaria cultura Aymara ha logrado sobrevivir hasta ahora, pese a que las influencias extranjeras y de la modernidad han tenido un fuerte efecto en su sociedad actual. Sin duda, este pueblo ha tenido muchísima fuerza para seguir atravesando por el tiempo, unidos a la tierra y a sus creencias llenas de profunda conexión con la naturaleza.