Corona de laureles

Al pie del monte Cronio, el monte del Peloponeso, se encuentra el santuario de Olimpia, el lugar donde se honraba al dios Zeus con la celebración de los juegos olímpicos. Es además un lugar de privilegio, que guarda todavía entre sus ruinas toda la belleza y la magia de los rincones sagrados.
 

¿Cuál arquitecto concibió la idea del primer estadio, quien tuvo tal iniciativa? Nadie lo sabe, sin embargo, hay ruinas que hacen pensar en un gran ciudadano admirador de los atletas, en un artista / que, con amor y sentimiento de belleza, quiso estimular la fuerza física de los jóvenes griegos por medio de contiendas deportivas.
 

Los juegos olímpicos se consideran los más antiguos de la historia de Grecia, y de una importancia comparable a la de los juegos píticos que se organizaban en Delfos.
Las primeras olimpiadas de las que se tiene constancia, se celebraron el 776 antes de Cristo, y durarían hasta el siglo IV, cuando el emperador Teodosio las abolió.
Aunque es difícil saber exactamente cuándo empezaron los juegos, puede ser que su origen sea tan sencillo como que en aquel lugar, que era sagrado desde ese tiempo inmemorial, los jóvenes se disputaron el privilegio de encender el fuego sagrado en honor de Hera, celebrando una carrera, que sería el origen de la carrera del estadio. No hay que olvidar que el vencedor de dicha carrera, tuvo siempre a lo largo de la historia de los juegos, el privilegio de encender el fuego sagrado para prender en los sacrificios ofrecidos a Zeus.

 

Los jóvenes griegos de cualquier sexo, y aún los adultos de cualquier edad fueron aficionadísimos a los deportes. Ellos no conocían el fútbol, ni el baseball, ni el basketball, ni los bolos, pero en cambio tuvieron otros interesantes juegos a base de la carrera, los saltos, el boxeo, lanzamiento del disco (pesado disco de hierro) y otros. Con frecuencia organizaron matches o partidos entre distintos grupos y en ciudades diversas de Grecia, en competición.
Los grandes encuentros o partidos, sin embargo, tenían lugar solo cada cuatro años en un lugar llamado Olimpia, en el Sudoeste de Grecia. Estos juegos, que se denominaron olímpicos, fueron el negocio más importante entre los griegos, pues de todos los puntos del país, llegaban jugadores que habían de disputarse el campeonato de Grecia.

 

Los días en que los juegos olímpicos tenían lugar eran los más festivos de Grecia, y se ofrendaban a Júpiter, el rey de los dioses, o Zeus, como le llamaban los griegos. De todos los lugares de Grecia habitados entonces acudían espectadores, como pasa hoy cuando se organiza hoy un gran partido de campeonato en alguna gran ciudad. Pero solamente griegos podían asistir al espectáculo, y dentro de ellos estaba excluidos quienes hubieran cometido algún delito o infringido alguna ley. Hoy también se elimina del juego a quien no haya jugado antes limpiamente.

Se cuenta que la celebración de los juegos, fue una solución pactada entre las distintas polis para acabar con las guerras internas y con los continuos enfrentamientos entre ellas, porque al menos, la organización de los juegos impuso sobre toda su duración la tregua sagrada entre todas las polis.
Así, si había amenaza de alguna guerra próxima, como sucedía con gran frecuencia, o esta había estallado, la celebración de los juegos olímpicos no se interrumpirían. Es decir que ni la guerra era bastante para suspenderlos. Cuando los juegos terminaban, se reanudaba la lucha.

 

Los jóvenes dedicaban gran parte de su actividad preparándose para la olimpiada, en el intervalo de cuatro años que mediaba de una a otra . Y cuando faltaban nueve o diez meses, concurrían a un gran gimnasio al aire libre para entrenarse.
Los juegos duraban cinco días, y comenzaban y terminaban con un ofrecimiento y una serie de sacrificios a los dioses, representados por bellas estatuas colocadas alrededor del campo, pues la olimpiada no solo era un acto de diversión y educación, sino también un servicio religioso en honor de Júpiter y las demás divinidades.

Había toda suerte de partidos: de saltos, carreras, lanzamientos, boxeo, conducción de carros, etc. En cuanto un jugador fracasaba o cometía un acto sucio para alcanzar el triunfo era separado del concurso. No le eran admitidas excusas ni se le consentía protestar si el resultado le era adverso. Los fallos del jurado eran inapelables.

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El atleta que ganaba uno o más campeonatos era el héroe de toda Grecia y, en particular, del país de donde procedía. El vencedor no recibía dinero ni ventajas materiales, sino que era consagrado héroe de la Olimpiada mediante la imposición de una corona hecha con hojas de laurel. Esto se tenía entonces en tanta estimación como hoy se tiene a las copas de oro o de plata que otorgan al triunfador. Además de la corona, los campeones eran honrados frecuentemente con canciones compuestas por los poetas y a veces con estatuas perpetuadores de sus triunfos.

 

Mármoles esculpidos por los cinceles de Fidias, el escultor más portento de la antigua Grecia, y quien le diera vida la gigantesca escultura del Zeus, pieza que pasara posteriormente a ser una de las siete maravillas del mundo antiguo, adornan el gimnasio de Atenas.

 

La carrera de Maratón, una de las disciplinas más simbólicas de toda la competencia atlética, fue creada en memoria de un soldado de Milcíades que venciendo la fatiga, la sed y el hambre, corrió sin detenerse para anunciar la victoria decidida en favor de los suyos. Al llegar al Areópago y dar la triunfal noticia, cayó muerto. ¡Ese mensajero entusiasta y heroico se llamaba Filípides, quien recibió la gloria eterna tras su cometido fatal.

 

Los famosos concursos griegos no solo eran verificados entre jugadores atléticos, sino también entre poetas y músicos, para ver quien componía la más bella poesía o la más bonita pieza musical que había de interpretar con un instrumento semejante a una pequeña arpa, llamado lira.
Los vencedores en estos concursos no recibían coronas, sino que eran llevados en triunfo a hombros de los espectadores.

 

Hoy en la historia de Grecia, del acontecimiento que podemos estar más seguros, por la importancia que se le concedió, es el record batido por los corredores en la olimpiada que tuvo lugar setecientos setenta y seis años antes de Cristo; por consiguiente, a la primera Olimpiada se le asigna la fecha 776. La historia de Grecia antes de ese tiempo puede ser cierta, pero lo que sabemos de ella se pierde bastante en el campo de lo mítico. A partir de ese año, en cambio, esa historia tiene grandes posibilidades de ser cierta.
Después tuvieron un largo período de tiempo en que los juegos olímpicos fueron suspendidos, no se sabe bien por qué la causa; pero luego se han reanudado hasta llegar a nuestros días. Así, la primera gran Olimpiada de que tenemos noticias, después de las anteriores a Jesucristo, no tuvo lugar hasta 1896, y no en Olimpia, sino en Atenas, copiándose más tarde la costumbre en diversas ciudades de Europa y el mundo, a las que, en lugar de asistir sólo los habitantes del país, como hicieron los griegos, se invitan y acuden los equipos de todo el mundo.

 

Este año, 2016, la cita es en Brasil…allá nos vemos!