El ave de las cerezas

Para comenzar el día como si fuese este el último de los días, todas las mañanas Teo prepara jugo de frutas. Su especialidad es el “manza-mente”. Lo prepara con manzanas verdes, una cucharada de miel de abejas y siete hojas de menta que el mismo plantó en un macetero. Este jugo es especial para tener una mente sana y clara todo el día. Por su parte, su amiga Merlina, quien también prepara jugos a todo ritmo, también lograba una provechosa y refrescante fórmula capaz de devolverle el aliento a quienes se sintieran melancólicos o abatidos por alguna de esas tantas razones que todos pasamos. Con un puñado de uvas (blancas o negras), una zanahoria joven y rallada, dos cerezas mágicas y mucho cariño, la niña de cabellos rojizos alcanzaba su sabroso y energético “vuelo chercán” (así había llamado a su receta magistral). Al parecer, este brebaje era la fórmula indicada para ayudar a la querida señora Gumersinda.
La señora Gumersinda, conocida por sus gorriones, por sus exquisitos pasteles de arándano y por sus divertidas historias que siempre compartía con júbilo, ya no era la misma. Cuando sus gorriones entonaban once largos y dulces silbidos, era porque doña Gume estaba preparando alguno de sus inolvidables y perfectos pasteles.

 

Teo y Merlina estaban preocupados y algo desesperados. Hacía un mes que no sentían ese hipnótico olor de los pasteles de doña Gume. Merlina, quien vivía justo al lado de ella, se había asomado en puntillas por sobre la pandereta, observándola muy desanimada. Raro en doña Gume, que es un balazo pa’ las tallas y de sonrisa fresca y abundante. El motivo de su desánimo era que uno de sus queridos gorriones había desaparecido.
Una mañana, un suave golpe en la ventana despertó a Merlina. Cuando salió a mirar, vio un hermoso pájaro café, al parecer un chercán, por lo vivaz, por su cola parada y por el tono rojizo en sus alas y colas. El pequeño y bellísimo alado, traía en su pico dos coloradas y hermosas cerezas. Merlina extendió sus manos y el pájaro las dejó caer en ellas. En un pestañeo, el mágico pájaro se fue volando tal como había llegado, fugaz. Merlina estaba asombradísima. Jamás un ave le había llevado frutas a la ventana ni a ninguna parte. Las cerezas estaban tibias y Merlina no dudó en comérselas. Eran las más ricas cerezas que había probado en su vida. Dulces como la miel, jugosas, suaves y tersas. Tras disfrutarlas hasta la última gota, Merlina pudo sentir la tristeza de su querida y solitaria vecina Gumersinda, que a pesar de ser anciana era como una niña. Se echaban de menos los silbidos de sus gorriones, sus disparatadas historias y sus canturreos zapateados que daba al levantarse cada mañana.

 

Al día siguiente, el chercán volvió, dejando nuevamente dos frutos en la ventana de Merlina. Y así se repitió este fascinante acontecimiento cada mañana de sol.
Merlina sintió que tenía que hacer algo. Pensó que este fascinante pájaro la estaba invitando a llevar adelante alguna idea mágica. Un día, con mucho cariño, preparó su jugo de uvas con zanahoria al que agregó las tibias cerezas que venían del cielo. Una vez hecha la combinación, lo sirvió en su vaso favorito (de vidrio azul, largo y angosto), salió al patio y comenzó a llamar a doña Gumersinda. -¿Qué haces?, le preguntó su mamá – voy a darle este jugo a doña Gumersinda – contestó. – El jugo de uvas podría provocarle diarrea a esa pobre anciana, mejor no lo hagas, le dijo su madre,
Merlina no sabía cómo hacerlo. Intentó de muchas formas darle su preparación de frutas a doña Gume, pero era imposible. Cada vez que salía con el vaso de jugo, su mamá la miraba por la ventana. Al final, siempre terminaba tomándoselo su papá cuando llegaba del trabajo. Ella sabía que él lo necesitaba, pues muchas veces venía agobiado, cansado, producto del ajetreo y todas esas cosas de la gran ciudad. Pero apenas se tomaba el jugo de Merlina su actitud cambiaba como por arte de magia y comenzaba a cantar una contagiosa y alegre canción: “un verano naranja laralala, quiero ese sabor laralala, tuti fruti naranja laralala y quiero quiero tu amor…”

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Merlina preocupada por la señora Gumersinda, llamó a Teo. Le pidió que le llevara urgente un jarro con su jugo “manza-mente”. Teo, motivadísimo, preparó su especialidad, se tomó un vaso al seco y partió donde su amiga. Merlina le contó la historia del místico pájaro rojizo y su intención de convidarle a doña Gume un vaso con su mágico jugo hecho con las cerezas que el chercán le dejara cada mañana como un enviado celestial. Teo, que siempre andaba muy despierto le dijo a Merlina:

 

– ¡Claro, la zanahoria y las uvas son muy buenas para el estado de ánimo. Y más aún si las combinas con esas milagrosas cerezas!
– Así es Teo, por eso te he pedido que traigas de tu jugo “manza-mente”. Necesito que le des un vaso lleno a mi mamá, ella lo necesita. Está convencida de que mi jugo podría hacerle daño a doña Gumersinda – dijo Merlina. – ¡Bien pensado! cuando tu mamá tome un vaso de mi jugo manza-mente, se despejará y se sacará esa idea fija que se le ha metido en la cabeza. Tal vez, ella alguna vez tomó algún jugo que le hizo mal y aún no logra superarlo. Pero ahora tendrá la claridad para entender que tú puedes ayudar a doña Gume con tu maravillosa preparación – replicó animoso el joven Teo. Él siempre tenía su mente muy clara y abierta ya que todos los días tomaba un jarro lleno de su jugo manza-mente.

 

A la mamá de Merlina le encantó el jugo de Teo. Luego de tomárselo, le dijo a Merlina
– anda Merlina, ve a darle de tu jugo a doña Gume, tal vez con eso la ayudas a subir el ánimo. Es que el jugo de manzanas y menta que hacía Teo nunca jamás ha fallado.

 

MMerlina, asomada por sobre el muro, llamó a doña Gume. La viejita, que se encontraba tendiendo una ropas bajo el parrón, se acercó a Merlina. – Hola niña guapa ¿qué necesitas? Le preguntó desanimada. – Tome doña Gume, quiero convidarle de este jugo que le he preparado. Un pajarito me pidió que se lo diera – dijo Merlina con sus ojos brillantes. Por fin había logrado darle su jugo preparado con tanto cariño a la señora Gumersinda, quien apenas se lo tomó comenzó a contar una divertida historia. Hacía tiempo que no se reían así las dos. Al día siguiente, parecían escucharse silbar a los gorriones de doña Gume. Merlina miró por la ventana y vio al pájaro de las cerezas en casa de la graciosa y amable anciana arrullando con su gorrión. Al rato, Merlina y Teo estaban saboreando el pastel de arándanos más rico que todos los anteriormente probados, que ya eran los más deliciosos. Estaban deleitándose con un pastel de arándanos de doña Gumersinda, entre carcajadas y dulces arrullos.