El portal de Wappi

Al sur de nuestra tierra, allá, al final del mundo, suceden cosas maravillosas. Las nubes parecen las partes de un enorme y animado rompecabezas que se arma y desarma con la fría brisa. Por la madrugada, golondrinas, chercanes y colibríes cantan anunciando que habrá un día soleado. Al atardecer, es el turno de cientos y miles de grillos que se han puesto de acuerdo para dar bienvenida a la noche con su alegre chirrido mientras decenas de estrellas fugaces recorren el firmamento derramando buenos augurios. Pero al sur del mundo también ocurren cosas muy extrañas. Como las que se cuentan acerca del portal entre rocas en isla Wappi, y lo que le ocurriera a Gastón, quien tuvo una experiencia que muchos de ustedes no creerían.

 

Santana, compañera del intrépido Gastón, era temida por los isleños de Wappi. Ellos la encontraban muy rara por tener una voz extremadamente suave, tanto que solo podía oírse cuando todos callaban, incluso los grillos. Su cabello era blanco y largo, muy largo, y su piel era clara como la leche, y estirada como la de un neonato. Y con su cuerpo ligero parecía que volaba. Mucho de esto se debía a su calmo estilo de vida y a su equilibrada alimentación. Ella siempre decía -“para vivir bien en el futuro hay que alimentarse bien en el presente”-. De todos modos, el estilo de vida de muchos de los lugareños que eran amantes de sus tradiciones, como esa que los reúne en torno al fuego mientras se cocina lentamente un cordero o un chivo tierno, entre historias y anécdotas de andares por cuanto camino hubieran recorrido. Comían a destajo, ojalá hasta quedar incapacitados de todo movimiento, para luego dormir hasta que lo despertara un rayo, un puma, o algo capaz de sacarlos del letargo. Ellos eran sanamente felices así, y les parecía imposible que alguien pudiera serlo también sin compartir su misma fascinación por el festín animal.

 

Los pueblerinos sólo se acercaban a Santana para preguntarle por Gastón quien hacía meses no se veía. O bien, ocasionalmente, algunos le pedían ayuda para saber la profundidad del lago, y enterarse así acerca de cuánto oxigeno necesitarían para sumergirse con sus equipos y estanques para el buceo. Para esto, le pedían a Santana que amarrara a la punta de su blanca trenza una piedra y la lanzara al agua. Luego medían la parte de la trenza que se había mojado, conociendo así cuantos metros habría que bajar y cuanto tiempo les tardaría hacerlo. Puesto que los lagos al sur del mundo pueden alcanzar hasta mil metros de hondura, como es el caso del lago Charre (ese es su nombre original en idioma tehuelche) o lago O`Higgins que alcanza los 835 metros, siendo uno de los mas hondos del mundo.

 

Entre tanto a Gastón, amigo de todos en la isla, parecía que se lo hubiese tragado la tierra. Estuvo cerca de un año penando el lugar. Y no era el primero que lo hacía, antes había sido el turno del joven Jaluel Era tan flaco que siempre le decían, “Jaluel, ven a comerte un cordero o vas a desaparecer” hasta que desapareció… En el pueblo se decían cosas de toda índole acerca de la desaparición de Gastón, como que había muerto ya que Santana no lo dejaba comer carne. O que ella lo tenía atrapado dentro de su trenza gigante. O que se había ido al norte a buscar la piedra filosofal para rejuvenecer, como Santana. Pero Santana y unos pocos isleños sabían que Gastón había intentado pasar por entre las rocas del portal Wappi y que ahora se encontraba en un viaje por el tiempo, confinado tal vez eternamente en otra época.

 

A orillas del lago, justo al frente del viejo y desarmado puente, se encuentra el portal Wappi. Dos enormes rocas enfrentadas y separadas apenas por un angosto pasillo, dejan un estrecho pasadizo de vida o muerte, mejor dicho, de pasado o futuro. La angostura de este espacio entre las rocas solo permitía que algunas personas pudieran pasar por ahí. En el caso de aquellos que quedan atascados mientras intentaban hacerlo, desaparecían. El misterio es que las piedras están conectadas con un espacio atemporal capaz de producir un efecto bío magnético no solo a nivel atómico molecular, sino también en el campo sutil de la persona, alineando así la presencia humano espacial con la fuente de energía mayor del cosmos en otro lugar de la línea del tiempo.

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Eso dicen los científicos que han estudiado este fenómeno. Otros, simplemente lo atribuyen a que el lugar está encantado. Mientras que otros le achacan la responsabilidad simplemente al diente largo de aquellos que se quedan atascados, es decir, a sus abultadas barrigas.

 

Pero el mayor enigma que encerraba este misterio, era que algunos, siendo macizos y corpulentos, no se atascaban al pasar por entre las rocas. En cambio, para otros que eran delgados como lagartijas, el espacio entre las rocas parecía hacerse más estrecho dificultándoles el paso. Anselmo, el viejo y gordo pastelero de Wappi, estaba ansioso por viajar al pasado para volver a ser flaco. Sin embargo, no se quedaba atascado entre los muros de piedra, pasando siempre ligero y expedito. Anselmo comía y comía pasteles. Su barriga estaba tan hinchada que debía unir dos cinturones para amarrarse los pantalones. Pero no había caso, el destino de Anselmo estaba en el presente, y para volver a ser delgado, primero debía aceptarlo.
 

Santana le habló muchas veces sobre el portal del tiempo al incrédulo Gastón. Él nunca creyó nada de eso, inclusive, más de alguna vez la trató de loca. Hasta que un día, Gastón decidió ir hasta el tan renombrado lugar y pasar por ahí, para demostrar que eso de viajar en el tiempo no eran más que cándidos cuentos. El agua y el cielo fueron los únicos testigos de las dificultades que tuvo el espigado Gastón para pasar por ahí. Su pecho había quedado atascado, al igual que uno de sus pies. Cuando le contó de esto a Santana, ella supo de inmediato que al día siguiente Gastón desaparecería. Y así fue. Ocurrió justo mientras se bañaba en el lago, tal como lo hacía todos los días justo al amanecer. Santana pensó – habrá que darle tiempo al tiempo.

 

Gastón estuvo desaparecido por casi un año completo. Durante todo ese tiempo, Santana tuvo que prestar su trenza para ayudar a los que buscaban a Gastón bajo el agua. Y escuchar a quienes cargaban con ella por su desaparición. Santana nunca perdió la confianza en el retorno de su fiel compañero. Así fue como Gastón reapareció un día de diciembre en casa, feliz, lúcido, iluminado. Él comprendió muchas cosas, como por ejemplo que para resolver los grandes problemas que hoy tiene el ser humano frente a diversos temas, es importante detenerse un momento y observar como se hacían las cosas antes, como cuando usábamos pilguas o bolsas de género en vez de bolsas plásticas para acarrear nuestra compras, o cuando las botellas eran todas de vidrio y retornables, entre tantas otras cosas. Y le pidió disculpas a Santana por no haberle creído lo que ella tanto le hablara, a lo que Santana contestó sonriente: – no te quedes en el pasado nene, vivamos el presente sin olvidar las lecciones y aprendizajes que nos ha dejado el tiempo.