El reino de las abejas

Las abejas están en la Tierra desde el tiempo de los dinosaurios. Ellas han debido sobrevivir a duros tiempos de escasez causados por períodos de intenso calor y extremo frío. Para esto, las abejas han aprendido a organizarse muy bien y a trabajar incansablemente recaudando reservas de alimento. En este proceso, las abejas cumplen un papel fundamental para la vida terrestre: la polinización de las flores.

 

La abeja de la miel o “Apis mellífera”, está compuesta por tres razas de abejas: la abeja reina, la abeja obrera y el zángano. Ellas viven principalmente en colmenas ubicadas en jardines y prados de todo el mundo, salvo en zonas polares o de mucha altura.

 

Al igual que las hormigas, las abejas no pueden vivir aisladas. En una colmena viven grupos o colonias de más de cincuenta mil abejas. Toda colonia está conformada por miles de abejas obreras, cientos de zánganos y solo una abeja reina.

 

Todas tienen seis patas, dos pares de alas, cinco ojos, dos antenas y el cuerpo rayado de negro y amarillo. Todas nacen de un huevo y al principio son larvas. Pero como en la colonia cada abeja tiene una función diferente, , también tienen características físicas que las distinguen.

 

Las obreras vigilan, construyen y limpian la colmena. Además, extraen el polen y el néctar que producen las flores, con el que se alimentarán cientos de obreras y zánganos. Para esto, tienen una bolsa especial para llevar el néctar y en dos de sus patas poseen compartimientos para llevar polen.

 

Las abejas mezclan el polen, el néctar y otra sustancia que ellas mismas producen y así fabrican la miel. Esta miel es guardada en el panal y será el alimento principal de obreras y zánganos durante el invierno. La gran cantidad de azúcar que tiene la miel, la transforma en el único alimento que no se pudre.

 

El polen es un polvillo producido por los órganos masculinos de las plantas. Es el encargado de fecundar a las plantas femeninas para dar nacimiento a nuevas semillas y frutos. Las abejas obreras tienen su cuerpo cubierto de pelos. Al ir de flor en flor recolectando alimento, el polen queda atrapado en estos pelos y va cayendo sobre otras flores, causando su polinización. Escarabajos y moscas también polinizan las flores, pero la abeja, en su afán de estar siempre recolectando alimento, es la más importante en esta tarea.

 

El tamaño de la reina es el doble que el de una obrera o un zángano. Posee afilados dientes y un aguijón liso, con el que puede picar sin poner en riesgo su vida. A diferencia de la obrera, que cuando actúa picando a algún invasor de la colmena, entierra su aguijón y muere.

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Ella es la única alimentada con jalea real, sustancia producida por la abeja obrera. Cuando las obreras detectan la falta de una reina o ven que ya está muy vieja, escogen una larva para transformarla en futura reina. La larva elegida es bañada en jalea real hasta que se transforma en abeja. Los nutrientes de la jalea real le darán la capacidad de poner y fecundar huevos cuando adulta. La reina será alimentada toda su vida con jalea real.
La abeja reina puede llegar a vivir tres años, mientras que zánganos y obreras solo viven algunas semanas.

 

Los zánganos son el macho de la abeja. Son un poco más grandes que las obreras, y a diferencia de las demás abejas no tienen aguijón ni herramientas de trabajo. Su única función es aparearse con la reina. En pleno vuelo, varios zánganos depositan sus espermios en el vientre de la reina y al poco rato mueren. Si no cumplen bien su tarea, las obreras se encargarán de expulsarlos de la colmena.

 

El trabajo que realizan las abejas es realmente importante para todos. Por esto, el hombre tiene la responsabilidad de cuidar su hábitat y su natural desarrollo. Una forma de hacerlo es evitar el uso de productos químicos en los cultivos frutales. Cuidar a las abejas es también cuidarnos a nosotros mismos.