La Caperucita Verde, Roja y el lobo a su lado

¿Sabías que la caperucita roja tenía una melliza y se vestían igual como buenas gemelas?
La caperucita verde vivía en la ciudad, y durante largo tiempo no pudo ir a ver a su hermana que vivía en los recónditos y abultados bosques en la región de Loira, la mitad norte de Los Alpes y El Tirol.

 

La caperucita verde, fácil de distinguir entre el resto de las gentes, siempre lucía una capa o caperuza color verde viridian, un tono de verde azulado muy característico de los valles y recovecos que abundan en su tierra natal allá en Loira.

 

Las mellizas con capa siempre habían sido tan unidas como el cielo y el sol, inseparables e impredecibles, fantásticas, aventureras y dulces, hasta que Berla, decidió cambiar su capa roja por una de otro color para que no las volviesen a confundir. Ella no soportaba más la fama de su hermana luego de que se escribiera el cuento donde protagonizaba la tan conocida historia en la que tras ir a visitar a su abuela se encuentra en el bosque con el lobo feroz quien intenta engañarla para luego comérsela como un bocado. Y no solo decidió cambiar de color su vestimenta, sino también decidió irse a vivir muy muy lejos.

 

Pero ya han pasado largos años, y la historia de la caperucita a pesar de seguir siendo famosa, hoy pasa más desapercibida entre tantos nuevos cuentos. Y ahora Berla solo quiere ir a ver a su hermana.

 

Así fue que un día como cualquier otro, sin pensarlo demasiado, armó sus maletas y se subió al tren que la llevaría hasta su tierra natal, allá donde aún vive su hermana. Entonces pasó lo que jamás pensó que ocurriría.
En el mismo vagón del largo tren que abordó, hoy en día el único medio de transporte que llega hasta esas recónditas tierras alpinas, iba el mismísimo lobo feroz. Claro que no le quedaban dientes, y su frondosa cabellera no le alcanzaba para protegerse del sol en días sin nubes.

 

Casi no lo reconoció, pero supo que era él por los zapatos que llevaba, los mismos que usó para el cuento. Unos zapatos acolchados, de caña alta, y verdes como su capa.

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Sin más, le hizo mil preguntas sobre su afamada vida. Le preguntó si había salido en nuevos cuentos, si conocía al conejo de Alicia en el país de las Maravillas, si era pariente del lobo de los tres cerditos y un montón otras cosas. El lobo le contestó paciente y amablemente pregunta tras de pregunta, y también le contó que no volvía a esas tierras desde hacía muuucho tiempo, ya que por el asunto del cuento de la caperucita roja todas y todos le tenían miedo.

 

Entonces ahora, ya viejo, sin dientes ni garras volvía para descansar y pasar sus últimos días bajo los árboles que lo habían visto crecer.
Berla, conmovida le dijo que siguieran juntos el trayecto y lo invitó a ver a su hermana.
Cuando llegaron a tocar la puerta de la casa Caperucita roja no lo podía creer. Se abrazaron las dos mellizas en un abrazo de todos colores. Así fue como caperucita roja, el lobo y la caperucita verde se reencontraron tras casi siete décadas sin verse.

 

El viejo lobo feroz sonrió emocionado y hambriento, pues no comía hace ya varias horas… y colorín colorado este cuento ha terminado, con la caperucita roja y la verde unidas y el lobo a su lado.