Pterosaurios, gigantes del cielo

Hace 200 millones de años, nuestro planeta fue habitado por enormes y monstruosos reptiles. Ellos no solo se desplazaban sobre suelo firme, sino también por el agua y por los cielos. Los fósiles encontrados por científicas y científicos de todo el mundo, ansiosos por descubrir las formas de vida que han pasado por nuestra fabulosa y diversa morada llamada Tierra, han demostrado que durante la era de los dinosaurios vivieron muchas especies voladoras. Ellos eran los Pterosaurios y algunos podían llegar a ser tan grandes como un avión (algunos, con sus alas extendidas ¡podían alcanzar hasta los quince metros de longitud!). Según un numeroso grupo de investigadores, la última especie de Pterosaurios que desapareció del planeta habría sido el Pterodáctilo. Sin embargo, aún hay incertidumbre al respecto, pues hasta la fecha hay quienes dicen a ver visto una de estas imponentes criaturas dibujando sus dinámicos movimientos en pleno vuelo.

 

Los Pterosaurios o “reptiles alados” no eran dinosaurios, a pesar de que vivieron durante su mismo período. La principal diferencia entre unos y otros, es que los dinosaurios eran aquellos que se mantenían erguidos, es decir, que se desplazaban parados sobre la tierra. Los Pterosaurios, al igual que las aves que nosotros conocemos, volaban, ponían huevos y tenían una gran vista para divisar su alimento desde las alturas. Es más, para muchos de ellos, desplazarse por el suelo era bastante complicado, ya que podían dañar sus enormes alas al arrastrarlas contra el empedrado. Por este motivo se pasaban la mayoría del tiempo planeando por los aires. Para descansar, se paraban sobre alguna roca angulada o sobre la copa de algún árbol, apartando el peligro de lastimar sus alas. Luego de pisar tierra firme, les costaba mucho volver a emprender vuelo desde ahí. La mayoría de ellos necesitaban partir desde un punto más alto.

 

El principal alimento de estas antiguas especies voladoras eran peces y crustáceos. Para cazarlos, los Pterosaurios sobrevolaban las aguas de mares y lagos. Abriendo su largo y agudo pico dentado, aquellos seres acuáticos que no corrían la mejor de las suertes, quedaban ensartados en sus muchos y afilados dientes, terminando así con su día de nado libre.

 

Los Pterosaurios presentaban diversas formas y tamaños. Por ejemplo, el Ranforrinco era de alas grandes. Su pico era largo como una enorme pinza y tenía dientes pequeños y muy puntiagudos. Lo más extraño de todo era su cola la que además de ser muy larga y muy delgada, tenía la punta en forma de volantín o rombo.

 

El Pteranodonte era un gigante. Sus alas extendidas llegaban a medir hasta siete metros de largo. Con ellas podía volar distancias asombrosamente largas para encontrar su alimento, sin necesidad de detenerse a reponer energías. Durante mucho tiempo se pensó que este habría sido el animal volador más grande de todos. Pero el año 1975 se encontraron los fósiles del mayor animal alado que jamás haya existido en la naturaleza, el Quetzalcoatlus Northropi. Se estima que ese verdadero monstruo de los cielos tenía alas que medían entre los 11 y los 15 metros de largo. Por su impresionante tamaño y por su forma de volar era más parecido a un aeroplano que a cualquier otro pájaro. Y si de cargar peso se trataba, uno de estos ejemplares podría llevarse consigo hasta a un desafortunado tiburón de menor talla.

 

Paleontólogos especialistas en Pterosaurios han coincidido en que la última especie de Pterosaurio que habitó el planeta fueron los Pterodáctilos. Sus alas alcanzaban apenas hasta los 80 centímetros. En su pico, además de pequeños y muy afilados dientes, tenían una bolsa parecida a las de los pelícanos. Ahí guardaban el alimento que recogían en su vuelo a ras de agua para luego comerlo en la tierra. Sus patas eran parecidas a la de las aves modernas.

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En relación con su cuerpo, el Pterodáctilo tenía una cola corta y una cabeza pequeña. Poseían brazos y manos las que tenían tres garras y un largo dedo. Las alas consistían en una capa de piel que salía desde su cuerpo (parecida a la de las ardillas voladoras) que se unía a este largo dedo y a sus patas traseras. Ellos vivían en grandes grupos o bandadas, en las orillas rocosas de grandes lagos como también en bosques. Las numerosas indagaciones que ha llevado adelante los ornitólogos amantes de estos antiguos individuos, apuntan a que ellos dormían colgados de los árboles con la cabeza hacia abajo, como los murciélagos. Horriblemente, o bien, maravillosamente, estos impresionantes habitantes eran algo así como murciélagos gigantes con cabeza de ave.

 

Al principio, cuando se encontraron los primeros fósiles de pterodáctilos, los científicos no sabían con qué se habían encontrado. Creían que aquellos restos correspondían a alguna criatura marina. Pero sus huesos principales eran huecos y estaban llenos de aire, al igual que los huesos de los pájaros modernos. Esto les aclaró que se trataba de un ser volador. Un esqueleto con esas características era capaz de volar. Al tener un esqueleto muy liviano ellos podían elevarse del suelo, dedujeron con claridad los entendidos, luego de aventurarse en cuantiosos análisis y observaciones.

 

Se ha establecido así, que el Pterodáctilo desapareció de la Tierra junto con la masiva extinción de especies que acabó con los dinosaurios. Sin embargo, sus huellas y las de otros reptiles voladores aún más antiguos, siguen apareciendo y mostrándonos el remoto y sorprendente pasado de nuestro planeta.

 

A pesar de esto, algunos afirman haberse encontrado cara a cara con aves prehistóricas que han logrado sobrevivir hasta el presente siglo. Uno de ellos es John Bouker, veterano piloto aeronáutico quien pensó que se había vuelto loco tras un cercano avistamiento. Como dicen los reportajes, “mientras se dirigía hacia Manokotak el 15 de octubre de 2002, él y sus pasajeros pensaron que ellos de alguna forma habían volado en una escena de Jurassic Park. No lejos de la banda de estribor de su avión una gigantesca criatura alada. El piloto asombrado y sus pasajeros todos atónitos consiguieron echar un buen vistazo a la cosa. Al comparar las notas sobre el avistamiento, todos estaban de acuerdo en que la criatura se parecía firmemente a las ilustraciones en libros sobre dinosaurios y otros animales extintos”

 

¿Tú, has visto uno?