Recetas de Museo

La próxima semana iremos de paseo al museo, nunca antes hemos ido. He escuchado que son muy aburridos. El profesor nos dijo que sería muy interesante y diferente a los paseos anteriores. Él se encargaría de explicarnos sobre las cosas que ahí veríamos. También nos dijo que teníamos que ir preparados y dispuestos a todo. – ¿tendremos que ir con trajes especiales por si nos tiran pintura o algo así? le pregunté. – No me refiero a eso Giro. Lo que pasa, es que ir al museo es ir a enfrentarse con cosas que jamás han pasado por tu cabeza. Pero no te preocupes ¡será genial! ya verán como sin darse cuenta se sentirán sumergidos en profundos mundos que no podrían encontrarse más que un museo. O tal vez en algún profundo sueño…

 

Los paseos de curso son lo mejor. Ya habíamos salido una vez con el profe Antonio. Habíamos ido a la playa para conocer más acerca de la influencia de la luna sobre las mareas, a mirar el vuelo de diferentes aves y a elevar cometas. Jamás olvidaré cuando mi cometa casi tocó la luna. Era negro y tenía dibujado un feroz tigre mostrando sus colmillos y sus garras. Una larga cola de colores lo hacían bailar y dar carambolas. Un grupo de aves pasó volando a su lado. No sé qué habrán pensado los piqueros que sobrevolaban el mar ni las gaviotas al ver a este tigre por los cielos. El profesor dijo que la imagen del tigre volando entre las aves era muy pictórica. – ¿Qué quiere decir con eso? le pregunté, – Que dan ganas de pintarlo, que parece un cuadro – me respondió el siempre tranquilo maestro Antonio.

 

Cuando le conté a mi tío Gaspar que iríamos al museo, se entusiasmó mucho con la idea. A él le gusta mucho el arte, incluso ha pintado varios cuadros. Son muy coloridos, por eso me gustan. No así a mi hermana, a ella no le gusta que use tantos colores, los encuentra chillones ¡y ella es la más chillona del mundo!. Pero en fin, en gustos no hay nada escrito. Aproveché de preguntarle a mi tío cómo podría prepararme para este misterioso paseo. Él me respondió – Solo debes abrir muy bien todos tus sentidos. Para apreciar bien una pintura, debes recorrer con tu vista todo el cuadro. De cerca y de lejos. A veces, ínfimos detalles pueden revelarnos con mayor profundidad lo que el artista intenta decirnos, o lo que siente y piensa del mundo.

 

Como no hay plazo que no se cumpla, había llegado el día. Cuando entré al museo, lo encontré parecido a una iglesia. Era antiguo, con techos altos y hacía frío. Al hablar -blar -ar, se producía -ducía – cía, eco-eco-eco. Creímos que los grandes hombres de piedra que habían en la entrada eran los que repetían cada cosa que murmurábamos. Esas esculturas realmente parecían ser personas, solo les faltaba hablar. Mientras tanto, una mujer de pelo morado miraba detenida en el tiempo un mismo cuadro. Yo no sabía que le miraba tanto. El cuadro no tenía ningún dibujo, y solo tenía dos colores, ¡pero era realmente enorme!, el cuadro llegaba del suelo al techo. Ese cuadro no cabría ni en el gimnasio del colegio. También, había quienes parecían ni mirar los cuadros. Entraban a un salón, ojeaban todas la obras en una sola vuelta de cabeza y ya. A mí me gustaba mirar los cuadros por un buen rato y desde cerca, aunque una línea en el suelo señalaba hasta donde podíamos acercarnos (sobre todo por aquellos que querían mirar con las manos).

 

El cuadro que más me gustó, fue el de los dos tigres saltando desde el cielo sobre una mujer desnuda. Me acerqué lo que más pude para mirarlo con detención. Tenía muchos detalles ¡era asombroso!, los dos tigres salían de la boca de un gran pez rojo. Atrás, caminaba un elefante con las patas muy largas y muy flacas. Esa alucinante pintura luchaba con la realidad, era imposible, algo así como un sueño, y era de Dalí. Mi tío ya me había mostrado algunos trabajos de él alguna vez, mientras me hablaba enardecido sobre la independencia de la imaginación y del derecho del hombre a su propia locura.

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Le pregunté al profesor qué significaba ese tan raro cuadro. Me dijo que podían ser muchas cosas. – El significado de un cuadro puede ser diferente para cada persona. Y todas las interpretaciones son válidas Giro, pues son solo opiniones – me respondió seguro. A Evelyn le dio mucho miedo. Pensó que esa mujer corría un gran peligro. Al principio pensé lo mismo, pero luego de mirar el cuadro con mayor perspectiva, supe que estaba equivocada. El pez rojo de donde salían los tigres venía de una pequeña y dulce fruta, por lo tanto los tigres debían ser inofensivos.

 

El paseo estuvo espectacular. Todos la pasamos muy bien. El profesor nos dejó como tarea dibujar comidas ¡y que las preparáramos como quisiéramos!. A modo de inspiración, nos mostró algunas obras de un extraño artista italiano llamado Giuseppe Arcimboldo. Él pintaba delirantes retratos a partir de vegetales y frutas; ojos de uvas, narices de pepino, mejillas de durazno, cabezas de sandía… un trabajo fabulosamente imaginativo y de desbordante fantasía. También nos leyó un fragmento del poeta Gregorio Comanini:

 

“Mira la manzana, mira el melocotón
 
como se me ofrecen en ambas mejillas
 
redondos y llenos de vida
 
Fíjate en mis ojos
 
De color cereza uno
 
El otro de color mora.
 
No te dejes engañar, es mi cara”

 

Con tanto estímulo, inmediatamente se me vino a la cabeza una surtida ensalada de ideas. Antes, apenas se me ocurrían cosas a la hora de hacer un dibujo. Sin embargo, ahora mi imaginación volaba tan alto como el cometa del tigre. Imaginaba unos spaguettis sobre un gran árbol, como cual nido de tórtolas sobre un ciruelo, mientras llueve queso rallado y una gran yema de huevo desciende por el cielo para esconderse tras el mar. De solo imaginarlo me da hambre. Nadie podrá acercarse mucho a mi dibujo, de lo contrario se lo van a devorar.